viernes 17 de octubre de 2008

La tienda de la verdad

No podía dar crédito a mis ojos cuando vi el nombre de la tienda: LA TIENDA DE LA VERDAD. Así que allí vendían verdad. La correctísima dependienta me preguntó qué clase de verdad deseaba yo comprar: verdad parcial o verdad plena. Respondí que, por supuesto, verdad plena. No quería fraudes, ni apologías, ni racionalizaciones. Lo que deseaba era mi verdad desnuda, clara y absoluta.

La dependienta me condujo a otra sección del establecimiento en la que se vendía la verdad plena.

El vendedor que trabajaba en aquella sección me miró compasivamente y me señaló la etiqueta en la que figuraba el precio. «El precio es muy elevado, señor», me dijo. «¿Cuál es?», le pregunté yo, decidido a adquirir la verdad plena a cualquier precio. «Si usted se la lleva», me dijo, «el precio consiste en no tener ya descanso durante el resto de su vida».

Salí de la tienda entristecido. Había pensado que podría adquirir la verdad plena a bajo precio. Aún no estoy listo para la Verdad. De vez en cuando ansío la paz y el descanso. Todavía necesito engañarme un poco a mí mismo con mis justificaciones y mis racionalizaciones. Sigo buscando aún el refugio de mis creencias incontestables.


Cuento extraído del libro El Canto del Pájaro (Anthony de Mello)

Me sé un proverbio en francés que dice:

"La vérité est une flèche qu'il faut savoir tremper dans le miel avant de la lancer". Traducido: La verdad es una flecha que hay que saber remojar en miel antes de lanzarla. Es decir, hay que tener sumo cuidado o precaución al decir según que verdad, para no herir a la otra persona.

También dicen los franceses: "Si on dit la vérité, il faut courir avec elle" - Si decimos la verdad hay que correr con ella, es decir, aceptar las consecuencias.

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Curconet