Lo malo de las sociedades modernas y de vivir en una gran ciudad es la falta de tiempo. Este recurso intangible se ha convertido en el bien más escaso y valioso de nuestra sociedad. Ya existe el dicho “el tiempo es oro” y nunca fue tan cierto.
Por la mañana suena el despertador y ya nos levantamos con el tiempo justo, con prisa, y el día no ha hecho más que empezar, nos vestimos rápido, y si es que nos da tiempo a desayunar devoramos el café con leche y el bollo y salimos corriendo a buscar nuestro medio de transporte habitual para llegar al trabajo.
Si vamos en coche, lo más seguro es que nos encontremos con un atasco y no nos quede más remedio que esperar, creciendo nuestra desesperación y ansiedad, y haciendo que una vez superado el mismo, el atasco me refiero, las prisas sean aún mayores para no llegar tarde al trabajo. Si vamos en metro, por citar otra posibilidad, correremos por las escaleras y casi tropezaremos si creemos oír que acaba de llegar un convoy, porque esperar cinco minutos por el siguiente es demasiado tiempo. Y si tenemos que hacer trasbordo correremos por los pasillos y cogeremos las escaleras mecánicas, pero en vez de permitir que las mismas hagan la función para la que fueron creadas, correremos también por ellas. Y luego en la calle, seguiremos corriendo… quizás todo el resto del día. Y en el trabajo nos pedirán las cosas para antes de ayer, y si vamos a comprar a algún sitio nos desesperaremos si hay cola o vemos que el dependiente habla más de la cuenta con algún cliente. Y ya no quiero entrar en detalles de los que tienen hijos, porque entonces ya el día a día puede acabar en un deporte olímpico.
Así que casi todo el mundo está estresado y frases como “no tengo tiempo”, o “el tiempo se me escapa de las manos”, o “no estoy para perder el tiempo”, son frecuentemente utilizadas: no tengo tiempo para comer tranquilamente, no tengo tiempo para hacer deporte, no tengo tiempo para llamar o ir a ver a la familia o amigos… Y en esta dinámica a la que nos hemos acostumbrado todo es urgente, todo lo queremos para ahora mismo, incluso lo que no es imprescindible, pero es que ya no sabemos esperar… "lo urgente no deja tiempo para lo importante" como dice Mafalda.
A nuestro alrededor se crean empresas que se dedican a ofrecer servicios de cosas que antes hacíamos nosotros, pero para las que ahora ya no tenemos tiempo. Y numerosos libros que nos enseñan cómo debe uno gestionar u organizar su tiempo.
¿Pero os habéis parado alguna vez a reflexionar si es posible otra manera? ¿Si la falta de tiempo no deja de ser en ocasiones algo totalmente subjetivo?
Perder el tiempo, puede que sea un lujo hoy en día, pero es un placer que todos nosotros deberíamos darnos, habitualmente, irá bien para nuestra salud. Intentarlo.
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Hace 2 horas




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